Tormenta
silenciosa
Ahora
llueve, ayer el cielo regalaba azul por todos lados, pero hoy llueve.
Caminaba y
recorría despacio los caminos y los volvía a deshacer
Pero ahora
no miraba para atrás, no, ya había aprendido
No volvería
a perderse entre su mente tejedora de sueños y otros pensamientos, sí, de
aquellos.
No volvería
a dar a luz a poemas para aquel, que nunca leería
No volvería
a dibujar miradas para sentirse completa, no volvería a suspirar para eliminar
de su interior todo aquello que no podía ser.
No volvería
a su frustración, a su impotencia, quería acabarlo, estaba decidida, haría lo
que hiciese falta, girarse, darse la vuelta, apartarse.
Y aunque
toda ella quería salir corriendo con la sonrisa en la cara y seguir sufriendo,
se lo prohibió, porque se dio cuenta que ella era su mayor enemiga, la que la
torturaba todo este tiempo. Y mientras las gotas de lluvia bañaban los rayos
solares que calentaban su cuerpo aterido, y los truenos se confundían con el
sonido de sus lágrimas y sus gritos silenciosos, vio luz, se dirigió hacia
ella, esa luz estaba en su interior, siempre estuvo ahí, aguardaba por ella,
así comenzó el principio de su libertad con una gran sonrisa.
(Décima musa)
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