lunes, 28 de abril de 2014

Tormenta silenciosa
Ahora llueve, ayer el cielo regalaba azul por todos lados, pero hoy llueve.
Caminaba y recorría despacio los caminos y los volvía a deshacer
Pero ahora no miraba para atrás, no, ya había aprendido
No volvería a perderse entre su mente tejedora de sueños y otros pensamientos, sí, de aquellos.
No volvería a dar a luz a poemas para aquel, que nunca leería
No volvería a dibujar miradas para sentirse completa, no volvería a suspirar para eliminar de su interior todo aquello que no podía ser.
No volvería a su frustración, a su impotencia, quería acabarlo, estaba decidida, haría lo que hiciese falta, girarse, darse la vuelta, apartarse.
Y aunque toda ella quería salir corriendo con la sonrisa en la cara y seguir sufriendo, se lo prohibió, porque se dio cuenta que ella era su mayor enemiga, la que la torturaba todo este tiempo. Y mientras las gotas de lluvia bañaban los rayos solares que calentaban su cuerpo aterido, y los truenos se confundían con el sonido de sus lágrimas y sus gritos silenciosos, vio luz, se dirigió hacia ella, esa luz estaba en su interior, siempre estuvo ahí, aguardaba por ella, así comenzó el principio de su libertad con una gran sonrisa.
                                                                                            (Décima musa)


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